Los dineros de Atahualpa

De cómo Atabalipa, cunpliendo con los españoles lo prometido, acavó de henchir la casa del tesoro e cómo los que vinieron con Almagro pretendían partes como los primeros.

Como avía días que se recojía el tesoro que se juntava por mandado de Atabalipa, avía entrado tanto que ovo para conplir con los españoles, trayendo los yndios en cargas, poniéndolo donde se señaló sin tener llave ni otra siguridad que la que mandava Piҫarro. Oy dezir que se hurtó mucha cantidad de oro e que los que más metieron la mano en ello fueron los capitanes. Tanbién se ovieron muchas esmeraldas y piedras de gran valor. Atavalipa dezía que le pusiesen en livertad, pues avía con ellos conplido lo asentado.

Entre los españoles unos y otros avía controverҫia; los que vinieron con Almagro pretendían parte en lo que se avía juntado, alegando que vinieron en  tienpo convenible e muy neҫesario e llegaron quando se comenҫava a recojer el tesoro y hazían con sus personas e cavallos guardia, travajando en lo que se les mandava; los de Piҫarro proponían que ellos eran los verdaderos conquistadores, que pasaron más travajos e neҫesidades hasta llegar a Caxamalca, donde siendo tan pocos, se pusieron a tan gran peligro e prendieron a Atabalipa y a ellos y no a otros tocavan pretender lo que avía dado por su rescate y que si ellos velavan e hazían cuerpo de guardia / lo avían de hazer por fuerҫa para guardarse a sy propios. Sobre esto avía entre ellos grandes porfías y debates, lo qual paró todo e se resumió con que del tesoro, antes que se hiziese repartiҫión entre los de Piҫarro, sacasen ҫien mill ducados para repartir entre los de Almagro. Con esto, se contentaron algo. Lo demás se determinó que se repartiese diziendo primero, segúnd se dize, Almagro a Piҫarro que devía —sin el quinto— hazer al Enperador un serviҫio rico e lo demás repartirlo conforme a la calidad de cada persona; a lo qual respondió Piҫarro, aviéndose piadosamente con sus conpañeros, que no lo avía de aver cada uno sino atento a lo que avía travajado . Sacándose primero la joya del escaño y otras de gran peso, se ordenó el repartimiento por esta manera:

Auto hecho en Caxamalca, sacado a la letra del orijinal:    

En el pueblo de Caxamalca destos reynos de la Nueva Castilla, a dies y siete días del mes de junio, año del naҫimiento de nuestro salvador Jesucristo de mill y quinientos e treynta y tres años, el muy magnífico señor comendador Francisco Piҫarro, adelantado, lugarteniente, capitán general y governador por su Magestad en estos reynos, por preҫencia de mí, Pero Sancho, teniente de escrivano general en ellos por el señor secretario Juan de Samano, dixo: Que por quanto en la prisión y desbarate que del caҫique Atabalipa y de su güeste hizo, en este dicho pueblo se ovo algúnd oro, y después el dicho caҫique Atabalipa prometió y mandó a los cristianos españoles que se hallaron en su prisión ҫierta cantidad de oro, la qual cantidad señaló en que dixo que serían un bohío lleno y dies mill tejuelos e mucha plata quél tenía y poseya, y sus capitanes en su nonbre, que avían tomado en la guerra y toma del Cuzco y en la conquista desta tierra por muchas causas que declaró, como más largo se contiene en el auto que dello e hizo, que pasó ante escrivano, y dello el dicho caҫique a dado y traydo y mandado dar y traer parte dello, de lo qual conviene hazer repartic;ión y repartimiento, así del oro y plata como de las perlas y piedras esmeraldas que a dado y de su valor, entre las personas que se hallaron en la prisión del dicho caҫique, que ganaron y tomaron el dicho oro e plata, a quien el dicho caҫique lo mandó e prometió y a dado y entregado para que cada una persona aya y tenga y posea lo que dello le perteneҫiere; y para que con brevedad / su Señoría con los españoles se despache e partan deste pueblo para yr a poblar y paҫificar la tierra de adelante y por otras muchas causas que aquí no van espreҫadas, por ende el dicho señor governador dixo: Que su Magestad, por sus provisiones reales que le dio para la governaҫión destos reynos y admenistraҫión dellos que le fue dada , le manda que todos los provechos y frutos y otras cosas que en la tierra se ovieren y ganaren, lo dé y repartan entre las personas que lo ovieren ganado conquistadores, segúnd y como a él le pareҫiere y cada uno mereҫiere por su travajo y persona; que mirando todo lo susodicho y otras cosas ques razón y se deven mirar para hazer el repartimiento y dar a cada uno lo que de la plata quel dicho caҫique ha dado y se a avido y a de aver y se le a de dar como su Magestad manda, él quiere señalar y nonbrar por ante mí, el dicho escrivano, la plata que cada persona a de aver y llevar, segúnd nuestro señor Dios le diere a entender teniendo su conҫienccia; y para lo poder mejor hazer, pidió el ayuda de Dios nuestro señor e ynbocó el auxilio divino.  

Pedro Cieza de León.
Crónica del Perú, 1553

 

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